Pepe Viyuela

El pasado sábado fui a ver al Sol de York, dentro de la estupenda programación de FLIPA MADRIZ al señor Pepe Viyuela. ¿Qué se puede decir que no se haya dicho ya del Señor Viyuela? ¿Qué huevos se puede decir más? Es un genio, es un crack, es un Dios Payaso. ¿Cómo puede hacer lo que hace con cincuenta tacos a sus espaldas? Si yo me cuelgo de la escalera como se cuelga este tipo, tienen que llamar al Samur y al tanatorio, y no precisamente en ese orden. Hizo gala de su sabiduría y puso en escena todas sus virtudes con la silla, la guitarra y la escalera. He visto a ese tipo en televisión, sobre el escenario haciendo el payaso, haciendo teatro poesía, besando niños. Niños. He ahí mi reflexión.

Como es consabido yo acudo al Sol de York con el crítico más fiero y joven de la sala, mi hija Iratxe, y os lo aseguro, es fiera. Unos payasos/acróbatas tuvieron que escuchar desde primera fila “Aita, no hacen nada de gracia. ¿Nos vamos?” acicate para que se lo curraran mucho más y terminaran complaciendo a la pequeña bestia. Con Pepe Viyuela pasó algo llamativo. Iratxe se descolocó completamente. Acuso al click, a la costumbre de la inmediatez, a la necesidad del ya lo que sucedió en el patio de butacas. Los juegos escénicos de Pepe tratan de un payaso que no encuentra la forma lógica de usar elementos cotidianos. Puede tirarse quince minutos abriendo una silla, y ahí está su genialidad. Algunos niños de la sala no entendieron que era el viaje de abrir la silla el espectáculo. Al poco de comenzar la función, el primer número era con una guitarra, algún niño empezó a gritar “pero cógela bien” punto de flash para Iratxe “¿Se trata de decirle a este tipo lo que debe de hacer?” al poco algún grito de infante “Toca la guitarra” ¿realmente querían que tocase la guitarra? ¿era eso lo que deseaban? Nuestros niños han perdido, gracias a nuestra negligencia como padres, la inocencia de escuchar, de ver. Lo que sucedió en el patio de butacas durante gran parte de la función es un reflejo de nuestros adolescentes. Ver una película con un adolescente es verla con él y con su móvil. Descuidan el argumento hasta la siguiente explosión, tiro o grito. Algo que no conlleve una acción finalizada, es un tiempo perdido para ellos. En “Momo” la maravillosa novela de Michael Ende, los hombres grises quieren quitarnos el tiempo, aburrirnos. El barrendero enseña a Momo que para no aburrirse con facilidad y que tu trabajo sea divertido, tienes que concentrarte en lo que haces en el momento, en el camino. En la actualidad, si no lo remediamos, los hombres grises marcan nuestros tiempos.

Pepe Viyuela no ha perdido un ápice de gracia, sus números no han envejecido, su genialidad no se ha diluido, los niños no se aburrieron ni lo pasaron mal, pero no disfrutaron del camino, al menos, esa fue mi sensación. Sus dedos índices marcaban un ritmo imposible a la escena, y su satisfacción llegaba a la plenitud cuando Pepe lograba terminar su hazaña. Veían al payaso como una Dora la Exploradora a la que si le gritas, aunque no te oíga, te dice “has sido muy listo, la silla se abre así” Pepe nos dijo con su payaso desde el escenario: “Jugad más con vuestros hijos, llevadles más a menudo al teatro.” Puede que no lo pensase realmente y que su payaso quedase ahí, haciendo un número genial, pero es verdad. Juguemos.

FLIPA MADRIZ sigue, acercaos.