¿Por qué no me leen?

Hay una queja generalizada entre los dramaturgos hacia el mundo:

NO NOS LEEN

He discutido personalmente con muchos dramaturgos, actores, directores, editores y personal de dicha ralea el caso, y generalmente siempre se llega a las mismas conclusiones; dichas conclusiones, como no, responsabilizan al posible lector, y sí, el que no haya un lector es el problema, pero difiero mucho con mis compañeros que el problema sea del propio lector, dado que, el no-lector de teatro tiene otras muchas posibilidades de lectura, y el dramaturgo, busca lector, ergo, el problema es para el dramaturgo que ve su escrito con dos posibles destinos

– Ser representado (obviamente, fin perfecto de cualquier obra dramática)

– Ser olvidado/ignorado/no leído

 

Los motivos que el personal antes mencionado arguye para no ser leído, son sencillos, y trataré de rebatirlos con unas pocas palabras.

1.- El lector no está intelectualmente preparado para poder leer lo profundo de lo que yo quiero contar. Esta afirmación, digna de un gran megalómano, sitúa a los dramaturgos muy por encima de cualquier especie de escritor que exista sobre la faz de la tierra. Nuestra ansia inagotable de querer “enseñar” o “hacer pensar” al lector o espectador nos separa de él, y, olvidamos que, sin él, no hay comunicación, la esencia pura del teatro. ¿Qué hace a un dramaturgo especial? ¿Quién lo nombró adoctrinador del reino? ¿Somos los dramaturgos entes elegidas por un ser superior? Señores, no. No lo somos. Escribimos. Queremos ser escuchados, leídos, representados. No insultemos al público con una estúpida muestra de supremacía intelectual de la que carecemos.

2.- El lector no está acostumbrado a leer de forma dialogada. Falso otra vez. Si bien un lector puede acostumbrarse a leer de cualquiera de las formas posibles (en el baño hay quien incluso lee los prospectos de los profilácticos o la pasta de dientes) es un argumento que carece de valor, y más ahora. La gente ha leído cómic o tebeos durante todo el siglo XX, y desde hace ya un par de décadas, desde la aparición de internet y por ende de las redes sociales, la capacidad de leer en dialogado e incluso, personas que nada tienen que ver con el teatro, de crear en dialogado, ha sido demostrada día a día. Proliferan grupos de Whats App, Telegram…, chateamos continuamente por decenas de programas al día. La lectura dialogada se ha convertido en un elemento común en la gran mayoría de los mortales, por lo que, este argumento está tumbado desde hace demasiado tiempo.

3.- Yo no escribo para ser leído, escribo para ser representado Mola tu entusiasmo, compañero, pero habrás de saber algo: el hecho de que tu obra no se pueda leer, implica que nadie la va a representar. Es correcto que quieras escribir pensando en el fin ideal de una obra dramática, pero piensa que, desde tu idea y hasta que un equipo decide ponerla en marcha, hay un paso, y es que ese equipo lea tu obra y crea que es más que conveniente darle vida. Debería preocuparte tanto la puesta en escena de tu obra como la publicación y difusión de la misma.

4.- No me entienden ¿En serio? Si has nacido en el siglo equivocado, tienes un grave problema que de momento solo puedes solucionar tuneando un Delorean. La elección de siglo…, es compleja. Tal vez puedas adaptarte un poco y conseguir que la gente entienda lo que quieres decir, porque, y volviendo al punto uno, o la gente es gilipollas, o no te estás explicando correctamente. No soy partidario de afirmar que la mierda es deliciosa solo porque cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas, pero tampoco creo que una sola persona no comprendida por la mayoría, sea la que tiene la razón.

5.- Yo no escribo para el vulgo Esta es la que más me gusta, sin duda. Vuelve a ser una adaptación del punto uno, es decir, vuelve la imagen del megalómano de inteligencia superior que, si no es más escuchado o leído, es sin duda por la estupidez del resto de la humanidad. Si bien has llegado a esta conclusión en tu vida de dramaturgo, tal vez debieras preguntarte el motivo de la queja inicial ¿Por qué no me leen? Porque no quieres.

Sé que compañeros de profesión ahora dirán que arremeto contra el teatro alternativo, que si abogo por un teatro de titiriteros sin fondo emocional y varias calumnias más. Bueno, lo tengo asumido, así que no me termina de molestar. Como veis, también tengo yo mi pequeño poso de incomprendido, solo quiero llamar vuestra atención hacia el lector, hacia el público. Ese público que está ansioso de recibir, leer y soñar con vosotros. No tenéis que someteros a su voluntad absoluta y recitar versos en ripio, pero si, por favor, escucharlos de vez en cuando. Saber como podéis hablarles. Pensad que cada lector de teatro que logréis, será un lector de teatro para todos nosotros.