Segundas partes, nunca fueron buenas.

Nunca segundas partes fueron buenas. Lo hemos visto más en el cine, sobre todo en el cine de acción, pero también ha sucedido en teatro, en novelas, en cómics incluso en matrimonios. Es una regla de oro que se mantiene a lo largo de la Historia, y, como regla inamovible, ha de tener sus excepciones. Kulunka teatro nos da una lección de humildad con Solitudes. Excepción irreparable en la ley de las segundas partes.

Sobra decir que Solitudes no es la segunda parte de André y Dorine, en absoluto, pero, ellos comprenderán, que los que hayamos visto ambos espectáculos no podemos disociar la creación de uno hacia el otro.

Kulunka teatro apostó en su momento por un tipo de espectáculo que pudiese ver junta toda la familia, que nos hiciese llorar y reír por partes iguales y que tuviese ritmo. Creo que el uso de las máscaras y el silencio absoluto son ingredientes que afinan esa pócima mágica que tienen entre manos y que dicha pócima, funciona.

Solitudes mantiene los ingredientes básicos, ya marca de la casa. La soledad de un anciano, y el modo en que son ignoradas sus inquietudes más básicas por las personas que, sin duda, de alguna forma le quieren. Sencillo y preciso. Según avanza el espectáculo vamos conociendo otros personajes que muestran otro tipo de soledad a la que se ven enfrentados; la soledad de un hijo que quiere hacer las cosas bien pero no sabe, la soledad de la nieta que sólo sabe comunicarse a través de una pantalla, la soledad de personajes circundantes como la prostituta que no sabe hacer, y que, termina de alguna forma cerrando un circulo vicioso acompañando al usuario de la soledad inicial, para demostrar que todos están bajo el mismo hechizo y que, un simple gesto, hubiera bastado para que la obra nunca hubiese sucedido. La magia se sucede.

Tres actores realizan la encomiable labor de dar vida a una decena de personajes que se mueven ágilmente sobre escena, como títeres manejados de forma magistral, cuyos hilos nos dan igual. Me explico: El actor es sólo una herramienta. El producto final, su prodigio.

Pd.- Como Dramaturgo, os odio.